Permiten comprender mejor el comportamiento humano e innovar en el diseño de políticas públicas

Autora: Cecilia Güemes (@CeciliaGuemes)

Nudge Valladolid

Si los autores de la teoría política contractualista se dividían entre quienes consideraban al hombre bueno o malo por naturaleza, los sociólogos se pasaron años debatiendo  si el estudio del cambio debía empezar por las estructuras o los sujetos. La psicología social y la economía conductual actual, menos épicas pero más informadas, evitan enredarse en cuestiones esencialistas y vienen a demostrar los límites de la voluntad del hombre y su capacidad de raciocinio y reflexionan sobre el cambio social desde el cambio de actitudes y prácticas individuales.

Las miserias cognitivas son más numerosas y frecuentes de lo que creemos y las voliciones y comportamientos humanos menos libres y autónomos de lo que parece. Asumiendo que los individuos no tienen preferencias estables, claras y ordenadas sino que las mismas dependen de la configuración de los contextos en donde dichas decisiones se toman, el paternalismo libertario aboga por una intervención del Estado que contribuya a mejorar las decisiones y alcanzar un mayor bienestar individual.

Aquí es donde entra en escena el nudge, traducible al español como “pequeño empujón”, constituye una novedosa herramienta de política pública que busca guiar las elecciones individuales en la correcta dirección alterando para ello la arquitectura de decisión para así alentar ciertos comportamientos que hagan más probable que la gente pueda promover sus propios fines tal cual ellos los entienden.

Ejemplos del uso de esta herramienta pueden encontrarse extendidos en áreas dispares como la promoción de estilos de vida y alimentación saludable, cuidado del medioambiente, mejora en cumplimiento fiscal, seguridad vial o lucha contra la pobreza.

Esta nueva herramienta ha recibido un caluroso recibimiento en el mundo anglosajón, dando lugar a que gobiernos del Reino Unido, Estados Unidos y Australia, entre otros, creen  laboratorios donde pensar la conducta y estimular los nudges.

También ha recibido críticas por el sigilo y el modo subliminal en el que actúa, por su escasa efectividad en el mediano o largo plazo, por los limitados temas y campos donde pueden influir, por subestimar situaciones sociales, políticas y culturales diferenciales, por ser ingenuo y pensar que los que definen las políticas públicas están en mejor posición de conocer el bienestar y no se dejan influir por otros intereses.

Los nudges son interesantes por la complejidad de la reflexión sobre el ser humano y la lógica experimental que hay detrás.

Más allá de las alabanzas y ataques a los nudges, creemos que son interesantes, al menos, por dos cuestiones. La primera, la complejidad de la reflexión sobre el ser humano y la lógica experimental que hay detrás. Se recuperan las emociones y los condicionantes sociales para entender los pensamientos y comportamientos y se demuestran los límites que la razón tiene; a partir de esa imagen más certera del ser humano se construye la política pública. La gente real se equivoca de modo predecible, fracasa en hacer pronósticos que sean consistentes con las reglas Bayesianas, usa la heurística, es inconsistente en sus preferencias, sucumbe a la inercia, valora mucho más su consumo presente que su futuro y tiene problemas de autocontrol. Los nudges son limitados e insuficientes, pero pueden ser estrategias interesantes para mejorar la obtención de objetivos sociales en tanto que, políticas que parecen acertadas técnicamente pueden no tener el efecto esperado cuando se llevan a la práctica si requieren de una capacidad de cálculo elevada o si modifican en forma inesperada las creencias de los individuos. Por eso es preciso transformar el modo en que se diseña la política pública.

La segunda cuestión de interés, es la oportunidad que suponen los nudges como modelo de intervención social innovador y mejora de la efectividad de las políticas públicas. Como demuestran experiencias exitosas, la praxis de la innovación va de la mano con la lógica de la experimentación: test- learn- adapt.  Lo relevante aquí es dar lugar al aprendizaje de aquello que funciona y de lo que no: dónde, con quiénes y cómo funciona. Esto supone un cambio en la cultura de las administraciones a la hora de identificar los problemas de modos más precisos y de arriesgarse con soluciones sencillas y creativas sin temor a fracasar. Ejemplos de implementación de estas estrategias a lo largo de todo el globo pueden encontrarse en el reporte del Banco Mundial en 2015 dedicado a traducir los nuevos conocimientos sobre la mente y el comportamiento humano en políticas públicas más eficaces.

Seguramente los nudges no sirvan para solucionar todos los problemas que tenemos ni para abordar los desafíos tan dispares que las sociedades enfrentan, pero cuanto menos se muestran como estrategias de intervención pública complementarias a las existentes y nos sirven de excusa para abordar el cambio de chip que es preciso nuestros hacedores de políticas den para innovar en los diseños de políticas públicas.

El presente artículo se deriva de una serie de reflexiones que se entablaron junto a Jose Antonio Noguera (UAB-GSADI) y Raúl Oliván (Zaragoza Activa) durante la sesión plenaria Políticas Conductuales y Nudges en el VII Congreso Internacional en Gobierno, Administración y Políticas Públicas celebrado en la Plaza de la Villa en Madrid, el 4 de octubre de 2016.

Leave a Reply