La aplicación de este enfoque  ha permitido identificar nuevas temáticas en la mejora del desarrollo humano de los jóvenes de El Salvador

Autor: Juncal Baeza

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El Desarrollo a Escala Humana, concepto propuesto por el economista chileno Manfred Max-Neef, promueve la ubicación del ser humano y su dimensión más subjetiva en el centro del análisis sobre el desarrollo, asumiendo que éste debería referirse siempre a las personas y no a los objetos. Su teoría se basa en la búsqueda del desarrollo humano a través de la satisfacción de las necesidades humanas básicas.

Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. Estas son, bajo el enfoque de una teoría que ofrece una mirada social sobre el desarrollo, las necesidades humanas básicas, finitas y universalmente constantes.

Esta perspectiva, y su específico posicionamiento del ser humano como agente de valoración del contexto social donde se desarrolla, constituye un marco de trabajo en el que se hace posible analizar qué factores del contexto están afectando al desarrollo humano de los individuos que lo habitan, partiendo de la información aportada por su propia perspectiva.

Encontramos un ejemplo de esto en la realidad social de El Salvador, profundamente marcada por la violencia, en sus diversas manifestaciones, a lo largo de generaciones, lo que ha dado lugar a una coyuntura especialmente caracterizada por la presencia de elevados niveles de violencia que llevan asociados altísimos índices de homicidios y lesiones de toda clase. Además de esto, en la realidad social salvadoreña conviven elementos como la pobreza, concentrada especialmente en entorno rural, altos niveles de desigualdad en términos económicos, o el desequilibrio de género, entre otros.

Fue posible detectar qué elementos del contexto estaban obstaculizando que los jóvenes de San Salvador pudiesen satisfacer sus necesidades humanas básicas.

Tomando como referencia el trabajo realizado en el marco de la Asistencia Técnica de Eptisa al Programa Projóvenes I, desarrollado por INJUVE, con el apoyo de la UE – cuyo objetivo específico era “Aumentado nº y calidad de oportunidades para 50 mil jóvenes (10-25 años) en situación de riesgo en el Area Metropolitana de San Salvador” – se hizo posible detectar qué elementos del contexto estaban, en el año 2003, obstaculizando o impidiendo que los jóvenes de San Salvador pudiesen satisfacer sus necesidades humanas básicas. Así, términos como la pobreza, el desempleo, la falta de esperanza, el trauma personal, el dogmatismo, la estigmatización, los modelos familiares negativos, la débil institucionalidad, la inseguridad, la falta de ambientes participativos, o el modelo urbanístico inadecuado, se registraron como factores de especial importancia por los efectos negativos causados sobre sus opciones de desarrollo humano.

Diez años después, en 2013, fue posible replicar un ejercicio similar, esta vez en el marco de Projóvenes II – cuyo objetivo específico era “Consolidar capacidades para la rehabilitación y prevención social de la violencia en 14 municipalidades del AMSS”-. En esta ocasión, los esfuerzos se dirigieron a identificar qué factores eran registrados como obstáculos para la satisfacción de las necesidades humanas de los jóvenes, analizando en detalle qué evolución había experimentado el contexto social, siempre en términos cualitativos, y basado en la percepción subjetiva de los jóvenes.

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Derivado de este ejercicio de análisis comparativo, resultó posible identificar tres grandes bloques temáticos que, bien debido a la herencia histórica de su problemática, a su enorme complejidad, o a lo agresivo de sus efectos sobre la sociedad del siglo XXI, requerirían de esfuerzos posteriores continuados para mitigar sus efectos. Evidentemente, estos bloques no resumen de forma global los elementos obstaculizadores del desarrollo humano en San Salvador, pero sí permiten  identificar y priorizar factores nuevos para orientar esfuerzos futuros.

El primero de ellos estaría constituido por el desempleo y la dificultad de acceso al mercado laboral, lo que requeriría un esfuerzo extra en formación y adaptación de la oferta formativa a la laboral, la creación de mecanismos de acceso a las oportunidades de formación o empleo con una mirada especial sobre la mujer, o el facilitamiento de vías de inserción laboral de los sectores de la juventud al mercado.

El segundo bloque se orientaría al trabajo en la vertiente intrafamiliar de la temática de violencia. Tras la detección de esta problemática como especialmente destructora para el desarrollo humano, se requeriría la inversión de esfuerzos en la creación de modelos familiares referentes, la búsqueda de equilibrio entre géneros, la generación de mecanismos respeto y fortalecimiento de la identidad, el fomento del diálogo como forma de negociación, la búsqueda de la participación o la cohesión social orientada a la creación de ambientes libres de violencia en los contextos primarios de interacción social.

Por último, y dada la evolución global de las sociedades, resultaría fundamental incidir de forma significativa sobre el posicionamiento de la mujer y el desarrollo de su rol, tanto dentro como fuera del hogar, buscando un equilibrio de género en todas las dimensiones del ser humano, asegurando la participación y acceso de la mujer a las oportunidades de formación y empleo, la mitigación de efectos negativos de los modelos familiares heredados, el fomento de relaciones sociales equilibradas o la creación de mecanismos orientados al aumento de la seguridad de las mujeres en sus comunidades.

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