(Existe una tensión entre estos dos conceptos y su articulación es clave para conseguir resultados).

Autor: Oscar Domenella

Antes de impulsar un proceso de reforma municipal, resulta esencial preguntarse ciertas cosas: ¿cuál es la situación de partida del gobierno local en cuestión? ¿Qué imagen objetivo se pretende alcanzar? ¿Qué desviaciones podrían afectar al proceso de reforma y modernización de las administraciones locales?

Para resolver estas cuestiones, conviene analizar de manera crítica la tensión que existe entre dos conceptos claros: Autonomía y Transparencia.

Autonomía, porque permitirá establecer el grado necesario para que el gobierno local pueda convertirse en un verdadero agente de desarrollo territorial, capaz de gestionar más y mejores servicios. Y Transparencia, porque determinará el umbral indispensable para llevar a cabo una gestión responsable en el uso de los recursos.

La combinación de ambos factores nos permite identificar el ideal de 4 escenarios distintos:

Autonomia y transparencia medidas portada

Escenario 1 (Baja Autonomía y Baja Transparencia): Administración pre moderna

Evidentemente, este escenario es el menos deseable, reflejando una situación que debe ser necesariamente transformada. Un bajo grado de Autonomía conduce sin lugar a dudas a entidades públicas ineficaces en su producción de bienes y servicios a la comunidad. Y un bajo nivel de transparencia a un manejo irregular de los recursos públicos.

Escenario 2 (Alta Autonomía y Baja Transparencia): Administración propensa a la corrupción

Un bajo nivel de Transparencia asociado a un cuestionamiento ético en el manejo de los recursos públicos, convierte en un riesgo inasumible el desempeño en condiciones de mayor Autonomía. La toma de decisión política, administrativa y financiera, exige la creación de mecanismos de control efectivos que garanticen un manejo adecuado de los recursos. De lo contrario, se establece un tipo de administración local propensa a una percepción social negativa, con incrementos de denuncias por corrupción y generación de situaciones de ingobernabilidad local. Cualquier iniciativa descentralizadora, en este contexto, se encontraría con una reacción negativa por respuesta.

Escenario 3 (Baja Autonomía y Alta Transparencia): Administración propensa a la ineficacia

En este contexto aparecen mecanismos sólidos de control sobre la gestión de recursos públicos. Pero, al mismo tiempo, se da una intensa dependencia política, administrativa y financiera del gobierno local frente al central. Esta combinación podría conducir a un aumento en la ineficacia en la prestación de bienes y servicios en el nivel municipal, siendo necesario lidiar con impactos importantes en términos de legitimidad de las autoridades locales.

Escenario 4 (Alta Autonomía y Alta Transparencia): Administración equilibrada

Este escenario nos presenta un horizonte idealizado, pero que puede servir de referencia para la estructuración de una política integral de reforma de las administraciones locales. La imagen objetivo que surge constituye un ideal capaz de dar racionalidad a un conjunto de acciones y políticas dispersas. El desarrollo efectivo del territorio se hace posible a través de un nivel aceptable de autonomía política, administrativa y financiera. Y además, se garantiza un manejo transparente de los recursos a través de un marco normativo procedimental adaptado a las características del territorio.

El desarrollo efectivo del territorio se hace posible a través de un nivel aceptable de autonomía política, administrativa y financiera.

Tras este análisis, surge necesariamente una pregunta más: con el propósito de transitar hacia un escenario 4, ¿cómo deben establecerse los grados de autonomía y el marco normativo que permita una mayor transparencia?

Para empezar, el aumento del grado de autonomía política, administrativa y financiera, debería plantearse de forma gradual y basarse en un régimen de incentivos que vincule la mejora de los procesos de gestión con un aumento del nivel de autonomía. Así, es posible propiciar la profesionalización de recursos humanos; una exhaustiva planificación y programación del desarrollo territorial y el fortalecimiento institucional; una gestión efectiva del presupuesto; una optimización de los procesos de compras y contrataciones; un mejorado acceso a la información y rendición de cuentas a la ciudadanía; una participación más activa de la sociedad civil en la gestión pública local; y un salto cualitativo en la gestión presupuestaria participativa.

La transparencia, apuntalada en torno a criterios normativos procedimentales para el control de la gestión en el ámbito local, debe adaptarse a las características culturales, sociales, políticas, técnicas y económicas de los territorios. Éstos tienen realidades completamente diferenciadas y, por tanto, una lógica basada en la administración central no resulta efectiva. Así, las entidades rectoras del gobierno central deben emanar marcos normativos y líneas directrices que permitan una reforma de la gestión municipal con un nivel razonable de desconcentración y adaptabilidad.

 

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