Uno de los grandes retos  de la nueva Agenda del Desarrollo post 2015 es conseguir la financiación necesaria.

Autor: Erika Rodríguez

Durante casi quince años los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ODM sirvieron como marco para orientar la agenda de las políticas de desarrollo en el mundo. Aunque el establecimiento de estos ocho objetivos, fue de por sí un hito, el balance final está lleno de matices. Bien es cierto que se han conseguido importantes avances en materia de reducción de la pobreza, sanidad y educación desde un punto de vista global. Sin embargo, ninguno de los objetivos se ha cumplido en su totalidad, de hecho, en materia medio ambiental la situación ha empeorado.

2015 se presenta como la oportunidad para corregir y perseverar los esfuerzos realizados. Con este fin y como fruto de un importante proceso de consulta el 25 de septiembre se lanzaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Nuevamente se estableció un plazo de 15 años para alcanzar 17 objetivos constituidos por 169 metas, un aumento significativo frente a los 8 que se contemplaban en los ODM.

La nueva agenda para el desarrollo se articula en torno a tres grandes propósitos: culminar la tarea iniciada por los ODM, promover un crecimiento económico sostenido, incluyente y sostenible y respaldar una mejor provisión de bienes públicos regionales y globales.  Acertadamente, se considera una agenda universal, lo cual quiere decir que no contempla solo a los países en desarrollo, sino que asume que el mundo desarrollado también tiene retos pendientes.

Además de la ampliación de los objetivos y de dar continuidad al esfuerzo ya iniciado, la formulación de los ODS, ha intentado corregir fallos que se produjeron en la implementación de los ODM, de forma muy significativa la tardanza en la definición de las bases de financiación que solo se produjo en el Consenso de Monterrey de 2002. De hecho, la falta de una estructura de financiación previa a lanzamiento de los ODM, sumada a la crisis financiera global, puso de relieve la dificultad para mantener un flujo continuo de ayuda oficial al desarrollo y la necesidad de priorizar la lucha contra la desigualdad en todo el mundo.

En esta oportunidad la financiación es una de las prioridades de la agenda.  Con este fin se creó el Comité Intergubernamental de Expertos sobre la Financiación para el Desarrollo Sostenible y en julio de este año tuvo lugar la Conferencia sobre Financiamiento del Desarrollo en Addis Abeba en la que se aprobó una Agenda para la Financiación del Desarrollo.

Se planteó una agenda con 100 medidas que pretenden fomentar la capacidad de los países de financiar sus estrategias de desarrollo.

En concreto, se planteó una agenda con 100 medidas que pretenden fomentar la capacidad de los países de financiar sus estrategias de desarrollo, evitando así la dependencia de la ayuda, a la vez que apunta a buscar soluciones para problemas globales como la evasión y elusión fiscal internacional.  El documento es también beneficiario de la propuesta realizada por El Banco Mundial sobre las posibilidades de combinar fuentes de financiación pública, privada, nacionales e internacionales según el objetivo que se persiga. Esta propuesta surgida del análisis de once casos, se complementa con un método para evaluar la necesidad de financiación de los ODS a nivel nacional. De forma muy general, puede decirse que el Banco Mundial propone usar estrategias de financiación ajustadas a cada caso que conjuguen diferentes fuentes de ingresos según las características de los países y objetivos y su impacto esperado.

Con este marco, la agenda para la financiación del desarrollo está respaldada por la experiencia que han dejado los últimos decenios en materia de política mundial de desarrollo y por el consenso entre 193 países que ha dominado el proceso de definición de los ODS. Sin embargo, aún queda un importante trabajo para traducir la Agenda a la realidad, y sobre todo en demostrar la consistencia entre esta y las demás áreas de la política comercial y económica que dominan el sistema internacional.  Un buen reflejo de este problema ha sido la negativa de los países más desarrollados a la propuesta de crear una Agencia para luchar contra el fraude fiscal. La agencia permitiría que en igualdad de representación los países menos desarrollados propusieran reformas que favorecieran sus intereses. Esto es especialmente importante si se tiene en cuenta que el mundo en desarrollo está perdiendo un trillón de dólares cada año a causa de la corrupción y la evasión fiscal. Las organizaciones de la sociedad civil, consideran que sin la creación de la Agencia se ha perdido una oportunidad histórica y se pone en cuestión la voluntad de los países desarrollados.

De cualquier forma la creación de un marco global para conducir las políticas de desarrollo y la definición de objetivos que atiendan a la mayor parte de la población humana, es un avance muy loable y absolutamente necesario para enfrentar los retos globales. Esperamos que los ODS no solo continúen adelante sino que obtengan la difusión necesaria para que las poblaciones se empoderen de ellos y los conviertan también en el marco de sus reclamos a la gestión política local y global.

Clique aquí para consultar el documento completo (en inglés): http://siteresources.worldbank.org/DEVCOMMINT/Documentation/23659446/DC2015-0002(E)FinancingforDevelopment.pdf

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